EL APASIONANTE MES FURRY DEL BLOG (3/4)

Beastars

Legosi es un chico bastante tímido y tranquilo que pasa sus días de instituto en el club de teatro, como operador. Pertenece a la raza de los lobos en un mundo donde los carnívoros suelen estar bastante discriminados y han de vivir constantemente conteniendo sus ansías asesinas para poder coexistir en paz con los herbívoros. La academia vive en una burbuja de falsa e idílica paz que se verá abruptamente despedazada cuando un estudiante alpaca aparezca asesinado y devorado… esa misma noche Legosi sentirá como pocas veces la llamada de su instinto depredador cuando vea sola e indefensa a una coneja con bastante mala fama entre las chicas de la academia.

Beastars es uno de los mangas más celebrados de los últimos años y esta adaptación al anime logra enganchar y seducir desde el principio, incluso a pesar de que haya elegido -en la peor tradición de Netflix- un estilo de animación 3D que le quita bastante encanto a su aspecto visual (aunque en general el nivel de detalle y la consistencia es muy bueno y, más allá de lo robótico de sus animaciones, no habría mucho que echarle en cara).

La historia es una pequeña maravilla, el asesinato sirve como punto de partida para presentar un mundo en aparente paz donde todo en verdad está a punto de saltar por los aires. Los carnívoros viven reprimiendo sus instintos asesinos, pero al margen de ellos y de todos los matices que cada personaje tiene propiciados por el tipo de animal que es, todos ellos no dejan de ser personajes “humanos” con sus pros y sus contras, fortalezas y debilidades, y sobre todo ambiciones y aspiraciones en una serie donde el concepto de “Beastars” (una especie de status que se da a los animales más notables y que les otorga gran poder de influencia) hace que la serie aborde directamente la sociología, siendo una serie que combina brillantemente aspectos de costumbrismo, thriller noir y política, una mezcla bastante extraña (más aún si tenemos en cuenta el marco de un mundo de animales antropomórficos) que no obstante funciona extraordinariamente bien.
La serie tiene algo de humor, pero dista mucho de ser una comedia, y aunque en sus primeros episodios la serie parezca casi un slice of life tranquilo (a pesar de su sórdido punto de partida) pronto avanza gradualmente hacia terrenos más pantanosos merced a la ambición desmedida de algunos personajes o la carnalidad de otros en una serie bastante adulta que no duda en introducir temas violentos o sexuales con unos fines puramente dramáticos en algunas escenas que chocan bastante al espectador y que distan bastante del término fanservice.
La única pega que le pondría a la serie es que en su recta final convenientemente para el desarrollo de la historia hace la trampa de regresar al terreno de la violencia más fácil y clásica del manga, pasando de ser un seinen a un shonnen por momentos porque la autora llegado un momento complica tanto la historia que resulta imposible creer que el lobo protagonista pueda resolver la situación. Este sería el único punto en contra de la serie, aunque no deja de ser una pega bastante grande, pues los defectos clásicos de los animes se pueden pasar por alto en series normales, pero cantan mucho cuando vemos como una serie poco menos que modélica y terriblemente sólida y adulta experimenta una regresión momentánea de su calidad narrativa con ellos.
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